domingo, abril 15

Los detalles marcan la diferencia

  No ocurre muy a menudo y eso es lo que precisamente lo hace más especial.
  Hace unos días, una alumna de 3º ESO se queda al final de la clase esperando a que salgan todos sus compañeros. Se acerca a mí, y cuando pienso que me hará alguna pregunta del tema que estábamos trabajando, me tiende un pequeño papel y me dice que es para mí. Lo ha hecho en su clase de plástica y me lo quiere regalar.
  Es su interpretación en acuarela del nombre que uso en el blog y en el canal de vídeos en el que les subo el material que creo para ellos. Me dice: -"Tiene el símbolo del infinito que tienes en la cabecera del canal". Tiene 14 años y no conoce aún la Cinta de Moebius, pero en ese momento es lo de menos, ni se me ocurre restarle un ápice de valor a su regalo. Me quedo casi sin palabras porque no me esperaba un detalle así, pero acierto a agradecérselo con mi mejor sonrisa y le pregunto cómo lo ha hecho.
  Es un pequeño detalle pero me hace pensar que en contra de lo que muchas veces oímos entre compañeros docentes, sigue habiendo alumnos y alumnas que valoran nuestro esfuerzo y nos lo agradecen a su manera, como puede ser el hacernos un dibujo como en este caso. 

  Me hace reflexionar también que en el aula, frente a nosotros, tenemos a un grupo de chicos y chicas con sus vidas adolescentes, sus problemas con sus padres, sus amigos, etc..... y ahí llegamos nosotros, con nuestros escasos 50 minutos, para aprovecharles al máximo sin reparar casi nunca en ninguno de ellos lo suficiente como para darnos cuenta del resto de inquietudes que están pasando por su cabeza mientras intentas que esté concentrado al máximo para entender como se resuelven las ecuaciones de segundo grado, o lo que cuadre ese día.
  Por último, puede que sean pequeños detalles como este lo que hace que merezca la pena el esfuerzo diario por que surja en ellos el placer por aprender y que vayan más allá del aprobar o del "¿Y esto para qué vale?" tan de moda en estos tiempos. Porque si hay quien repara en que un dibujo suyo pueda hacerte sentir bien, como en realidad ocurre, es cuestión de poco tiempo que aprecie el placer de comprender, de relacionar o de deducir, si no es que ya lo valora.








 

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